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¿Qué emoción asocias a tus relaciones?

En estos días por motivos familiares viajé a San Sebastián, de donde procede mi familia. Pertenezco a una familia increíble y maravillosamente amplia. Extremadamente amplia.

Desde hacia tiempo que sentía que había un trabajo personal hacia las mujeres de mi familia. No tenía claro si era una reconciliación, una liberación, un redescubrimiento. Había algo, pero no sabía que hacer.

Por eso este viaje era tan especial. LLevaba algo mas de 20 años sin ir. Había muchos motivos para que fuera así, entre ellos,  con un peso específico estaba la rabia.

Perdí a mi madre a los 17 años, siendo la pequeña de 9 herman@s. Eso significó que por parte de un montón de personas que me querían mucho, empecé a recibir muestras de cariño intentando compensarme de ese  golpe.

Ese acto de amor por su parte, produjo una reacción de rabia en mí. No quería que sintieran pena. Eso llevo a separarme de esas personas. Pensaba, si la vida me había quitado a la persona a la que más unida estaba, que aprendería a vivir así. Si no está esa persona, no me vale nadie. No quiero personas sustitutas. Si tengo que aprender a vivir así, aprenderé. Era mi forma de salir adelante, sóla, orgullosa, fuerte.

Imaginemos ahora que pudiéramos dar forma física a la relación que existe entre esas personas y yo. ¿Cómo es esa relación? ¿Se siente querida, cuidada? Ahora desde la perspectiva, habiendo mucho amor en esa relación con esas personas, el cómo yo me relacionaba con esa relación, estaba lleno de dolor y de rabia. Por lo que me alejé.

Lo digo sin arrepentimiento, por que probablemente era la mejor forma que yo tenía de hacer las cosas con lo que yo sabía en ese momento.  Pero ahora soy otra, y sentía esa forma de relacionarme ya no era necesaria.

Han pasado cosas absolutamente maravillosas en este viaje, que no son para este post… tal vez no lo sea para ninguno… y se quede en lo más personal. Pero lo más llamativo, es que la forma en la que me he relacionado con esa relación que seguía allí,  llena de amor y cariño, me he relacionado desde el disfrute, desde el amor también por mi parte.

Si trajeras a tu mente a las relaciones más importantes para ti, en este momento. Te invito a que te preguntes lo siguiente.

¿Hay una persona especial, cuyo nombre viene directamente a tu pensamiento? Si pudieras imaginar la relación que os une como un ente físico, con forma, olor, color, sonidos… ¿Cómo te gustaría que fuera esa relación? Y, ¿cómo te gustaría relacionarte con esa relación?

Y ahora que sabes qué quieres, ¿qué vas a hacer para incorporarlo en tu vida?

En el caso de que estés tratando con una ruptura, y que sea una de esas relaciones en las que sientes que gastas demasiada energía, sobre todo más de lo que te gustaría. ¿Cuál es la emoción que tienes asociada a esa relación? ¿Cuál es la emoción que te gustaría tener asociada? ¿Qué quieres hacer con esta información?

Al hacer el balance respecto de las relaciones que para mí son más importantes y duraderas, tienen un factor en común, es una risa amplia, desde el disfrute más profundo.

Y  lo mismo la risa viene de algo totalmente absurdo, pero me he dado cuenta que vivo eso con las personas que realmente quiero en mi vida. Por poner un ejemplo, en este viaje, con una de esas personas, durante aproximadamente 900 kms, hemos buscado el absurdo de los gentilicios de los pueblos por los qué pasábamos. Y hemos reído, profundamente, disfrutando de compartir.

Porque para mí, se trata de eso. De disfrutar de cada uno de los momentos. De vivir cada instante en consonancia con lo que realmente queremos para nuestra vida.

No podemos controlar el río, al igual que no podemos controlar la vida

Hace unos días tuve la fortuna de leer un magnífico post de un buen amigo hablando de los aprendizajes sobre la vida que había tenido al realizar una bajada de rápidos. Entre ellas habla de:

  • Como no podemos controlar el río, y que la mejor opción es navegar acorde al nivel que se tiene.
  • En ciertos momentos, el río te puede empujar a lugares inesperados y puede hundirte. A veces eres capaz de salir tú solo, otras necesitas ayuda.
  • Incluso cuando sales fuera del bote puede llegar a ser peligroso, dado que la zona puede estar resbaladiza.
  • Puede ser que de repente salgas lanzado del kayak, en ese caso, flota hasta que alguien llegue y te eche una mano.
  • El cansancio puede aparecer, entonces cuando entés entre rápidos, aprovecha para descansar.

Os dejo el link, por si tenéis la curiosidad de leer el artículo completo.

https://www.linkedin.com/pulse/kayaking-whitewater-life-lessons-miles-davis

Al leerlo, y ver las similitudes entre los rápidos y la vida, me di cuenta que la clave está en el primer punto. No podemos controlar el río.

No podemos controlar el río, al igual que no podemos controlar la vida. Y en cambio, ¿cuanto empeño ponemos en controlar lo que pasa alrededor nuestro?

Y si, en lugar de luchar de forma tenaz para seguir teniendo el control de lo que ocurre en nuestra vida, ¿aprendieramos a bailar con ella?

Esto no significa que no tengamos una dirección, al igual que en el kayak, la tenemos. Pero nos permitimos escucharlo y nos adaptamos a la mejor forma de seguir avanzando.

Aprender a encontrar el paso, para volver de aquellos lugares inesperados a los que nos ha empujado la vida. Aceptar la ayuda de otros, en momentos dados, ponernos en manos de otros. No todo depende sólo de nosotros.

Permitirnos descansar, tener las fuerzas suficientes para seguir hacia el lugar que deseamos. Sabiendo que vendrán situaciones resbaladizas, momentos complicados y así poder sortearlos y seguir hacia nuestro objetivo.

La propuesta es dejar de controlar la vida, al igual que no podemos controlar el río.

La propuesta es dejar de luchar para empezar a fluir.

La propuesta es aprender a bailar con la vida, adaptándonos y aceptando el momento presente.

Cuando dejas de intentar controlar el río (algo que no es posible), y aprendes a ser flexible, leerlo, adaptarte a él…

Ese es el momento, en el que de verdad… comienzas a ser libre.

¿Bailas?

 

Hace varios años, empecé este camino de exploración a vivir la vida, consciente y plenamente… Y no a que la vida nos viva, sin darnos cuenta.

Qué un día llegue detrás de otro, sin pena ni gloria. Sin significado, sin más.

Empiezo nuevo recorrido, totalmente integrado en quien soy ahora, y siento que la mejor forma de empezar, es recuperando este post que escribí hace tiempo.  Es la semilla de la que soy en estos momentos. Recuerdo con cariño cada uno de los momentos que he vivido en este periodo, algunos mejores y otros peores. Pero todos, me han llevado a ser quien soy, y sólo por eso ya estoy plenamente agradecida.

Os dejo el post.

Saludos

Arantxa Cobos Aguirre

 

En diferentes conversaciones a lo largo de los útimos dias he vuelto al tema recurrente de los sueños y lo que pienso de ellos.

Cuando hablo de sueños, no me refiero a aquellos que nos aparecen mientras que dormimos, si no a aquellos en los que nos referimos a un objetivo a alcanzar.

Aquellos que me conocen saben que divido los tipos de sueños en aquellos que existen para ser soñados y aquellos que existe para ser vividos. Es importante ser capaces de identificar a que grupo pertenece cada uno de nuestros sueños. Todos ellos cumplen un papel y son válidos.

Entre los sueños para ser soñados, en mi caso está el de ser farera (vale, sí … no es un sueño original….es copiado de una de las personas más importantes de mi vida), pero aunque ser farera me parezca un sueño (pensar en estar en el mar, en soledad, el viento,  las olas…) en el fondo no quiero que se haga realidad y no haría absolutamente nada  para que se cumpliera.

Este sueño cumple su papel, y es totalmente válido siempre y cuando esté dispuesta a darle el valor que tiene… y no lo trate como el gran objetivo de mi vida mientras que realmente no lo es. Es cuestión de ser congruente.

Por otra parte tenemos aquellos sueños, objetivos a ser cumplidos…o al menos a ser intentados con todas nuestras fuerzas.  Para estos no hay excusas. Hay que poner toda la carne en el asador para hacerlos realidad.  Y en cambio, la mayoría de las veces no lo hacemos. Nos ponemos en camino, hacemos que trabajamos por ellos…pero no lo hacemos al 100%. Es como si quisiéramos justificarnos a nosotros mismos que estamos trabajando en ellos cuando realmente no lo hacemos. ¿Tenemos miedo al éxito? ¿Miedo a que se cumplan, a que se hagan realidad?

Pasamos mucho tiempo dándoles forma, y algo menos en dar los pasos para hacerlos realidad. Aunque esto también es simplificar las cosas, hay veces que damos los pasos tanteando, probando  y esta es también la forma de ir avanzando.

Pero,  ¿cuando llega el momento de abandonar la lucha por nuestros sueños?  Cuando vemos que ¿no son alcanzables? Los grandes avances se han dado con gente que ha luchado por algo que no parecía alcanzable y en cambio han luchado contra viento y marea por su sueño y lo han conseguido.

Hay que tener en cuenta todas las facetas de nuestra realidad, para saber en que momento nos encontramos respecto de nuestros sueños y analizar periódicamente si debemos dejar de luchar por ellos o no.

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